Ciudad de México.— El fortalecimiento del fenómeno meteorológico El Niño podría convertir la primavera de 2027 en un periodo de mayor presión ambiental para la Ciudad de México y otras zonas urbanas del país, debido a una combinación de menor precipitación, temperaturas elevadas, más incendios y condiciones atmosféricas que favorecerían la formación y acumulación de contaminantes, advirtieron especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
De acuerdo con investigadores del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático (ICAyCC) de la UNAM, entre abril y junio de 2027 existe una previsión de disminución de lluvias en las regiones centro, sur y sureste de México, además de una probable sequía. Para las ciudades, el escenario contempla también un mayor número de jornadas con mala calidad del aire, aunque los especialistas subrayan que se trata de proyecciones y que su evolución deberá vigilarse conforme avance el fenómeno.
La advertencia adquiere relevancia para la Zona Metropolitana del Valle de México, donde las condiciones meteorológicas pueden tener un papel determinante en la acumulación de ozono. La propia Comisión Ambiental de la Megalópolis (CAMe) ha documentado que los sistemas de alta presión, la estabilidad atmosférica, el viento débil y la intensa radiación solar pueden reducir la dispersión de contaminantes y favorecer la formación de ozono.
El panorama previsto por la UNAM también contempla un incremento de incendios entre febrero y junio de 2027. Jorge Zavala Hidalgo, investigador del ICAyCC, explicó que una mayor cantidad de incendios puede elevar la presencia de partículas y compuestos volátiles que participan en la formación de ozono. A ello se sumarían temperaturas altas y mayor radiación solar, factores que podrían intensificar el problema durante la primavera.
El escenario climático no implica, por sí mismo, que la capital vaya a enfrentar un número determinado de contingencias ambientales. La activación de estas medidas depende de las concentraciones de contaminantes registradas y de los criterios establecidos en los programas oficiales para la Zona Metropolitana del Valle de México. En febrero y marzo de 2026, por ejemplo, la CAMe activó y mantuvo Fase I de contingencia por ozono ante concentraciones elevadas y condiciones meteorológicas desfavorables para la dispersión.
En caso de que durante 2027 se alcancen los niveles que establecen los protocolos correspondientes, podrían aplicarse las restricciones vehiculares extraordinarias previstas para una contingencia, entre ellas el Doble Hoy No Circula, junto con otras medidas dirigidas a reducir emisiones y limitar la exposición de la población. Sin embargo, su aplicación no puede anticiparse únicamente con base en las condiciones climáticas proyectadas, pues corresponde a la CAMe determinar las acciones de acuerdo con el monitoreo atmosférico.
La preocupación no se limita al tránsito vehicular. La UNAM señaló que los efectos de El Niño pueden combinarse con otros factores ambientales y sociales, por lo que recomendó fortalecer desde ahora la vigilancia y la preparación. Entre las medidas planteadas por los especialistas están las alertas tempranas, mapas de zonas vulnerables, vigilancia epidemiológica y espacios de refugio durante episodios de calor extremo.
La población urbana representa un punto crítico dentro de este escenario. Elda Luyando López, especialista del ICAyCC, señaló que alrededor de 80 por ciento de la población mexicana vive en ciudades, donde el deterioro de las condiciones térmicas puede incrementar la vulnerabilidad durante episodios de calor. La investigadora planteó medidas como reducir superficies excesivamente pavimentadas y adoptar estrategias urbanas de mitigación térmica.
Ante este panorama, el reto para las autoridades de la CDMX y del Estado de México será evitar que la respuesta se limite a restricciones vehiculares una vez declarada una contingencia. El pronóstico de la UNAM plantea la necesidad de fortalecer la prevención, mejorar el monitoreo de calidad del aire y reducir fuentes de emisión antes de los periodos de mayor riesgo, particularmente en los meses de primavera.
La UNAM enfatizó que El Niño continúa fortaleciéndose y que podría alcanzar una intensidad muy fuerte hacia finales de 2026, incluso potencialmente histórica, según las estimaciones referidas por los especialistas a partir de información de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA). Por ello, los investigadores consideraron necesario incrementar la vigilancia del fenómeno y preparar medidas de adaptación con participación de autoridades ambientales, sanitarias y de protección civil.


