Retiran una valla, pero el Zócalo todavía no respira

Una barrera metálica desapareció de Madero, pero el Zócalo todavía no recupera su ritmo habitual. Peatones, trabajadores y comerciantes siguen atravesando filtros y pasos estrechos para desplazarse por el corazón de la Ciudad de México.

La escena se repite durante el día: personas formadas, mochilas abiertas para revisión, negocios con pocos clientes y trabajadores obligados a rodear varias calles. El retiro parcial de vallas mejoró un punto del corredor, pero no resolvió el problema de fondo.

El dispositivo se instaló en medio de las movilizaciones de la CNTE. Los maestros han buscado presionar al Gobierno federal con marchas, plantones y bloqueos, mientras continúan sus exigencias salariales y su rechazo a la Ley del ISSSTE de 2007.

El cierre también provocó una protesta inesperada: la de quienes trabajan en el Centro Histórico. Empresarios y empleados bloquearon Eje Central y avenida Juárez para exigir que los accesos fueran liberados.

La tensión revela una cadena de afectaciones. La movilización magisterial presiona al Gobierno; las autoridades colocan barreras; los negocios pierden clientes; y los peatones quedan atrapados entre cierres, filas y recorridos más largos.

El Zócalo continúa abierto de forma limitada, pero su vida cotidiana permanece alterada. La pregunta ya no es únicamente cuándo terminarán las protestas, sino cuánto tiempo puede sostenerse un Centro Histórico funcionando a medias.

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