En el corazón de La Conchita, una imponente casona virreinal resguarda no solo la historia fundacional de la Nueva España, sino también relatos de apariciones que desafían el paso del tiempo.
La Plaza de la Conchita es uno de los espacios más pintorescos y con mayor carga histórica de toda la Ciudad de México. Justo frente a su icónica capilla se levanta una imponente edificación de fachada rojiza conocida popularmente como la «Casa de La Malinche». Este inmueble de altos muros y ventanas enrejadas no solo es un tesoro arquitectónico del siglo XVI, sino el epicentro de relatos escalofriantes que forman parte esencial del folclore coyoacanense.
Para entender la leyenda, es imperativo recurrir a los hechos históricos documentados. Tras la caída de Tenochtitlan en 1521, Hernán Cortés decidió establecer en Coyoacán el primer ayuntamiento de la Nueva España y su residencia temporal. Aunque los historiadores debaten si el conquistador y Malintzin (La Malinche) habitaron exactamente en la estructura que vemos hoy, los registros confirman que los terrenos pertenecieron a Cortés y que la zona fue el núcleo del poder político durante los primeros años del Virreinato.
El misticismo del lugar se alimenta de un evento histórico trágico y real: la muerte de Catalina Xuárez Marcaida, la primera esposa de Hernán Cortés. En 1522, poco después de haber llegado a Coyoacán desde Cuba, Catalina falleció en la residencia del conquistador bajo circunstancias sumamente sospechosas. Durante siglos, el rumor de que fue estrangulada por el propio Cortés ha manchado las paredes de la historia de la casona.
Es precisamente este oscuro episodio el que dio origen a la leyenda principal. Vecinos del barrio de La Conchita aseguran que, en las noches de luna nueva, se puede observar la silueta de una mujer vestida de blanco caminando por los balcones y jardines interiores de la Casa Colorada. Algunos afirman que se trata del espíritu atormentado de Catalina Xuárez, buscando justicia por su trágico final.
Sin embargo, otra vertiente de la leyenda asegura que quien deambula por los pasillos es la propia Malintzin. Según esta versión, el espíritu de La Malinche llora su papel en la conquista, fusionándose con el mito precolombino de la Cihuacóatl. Quienes han transitado por la calle Higuera a altas horas de la madrugada reportan haber escuchado sollozos ahogados que parecen emanar desde los gruesos muros de piedra volcánica de la propiedad.
A nivel arquitectónico, la casa es una obra maestra de estilo plateresco y mudéjar. Sus pesadas puertas de madera y sus detalles en piedra labrada son mudos testigos del paso de los siglos. Aunque hoy en día es una propiedad privada y no está abierta al público, su imponente presencia domina la plaza y se rifa como uno de los fondos fotográficos más buscados por los turistas que visitan la alcaldía.
El Barrio de la Concepción es un lugar que siempre nos da un apapacho con su tranquilidad, pero al caer la noche, la Casa Colorada nos recuerda que caminamos sobre los cimientos de una historia turbulenta. La dualidad entre el encanto colonial y el peso de las tragedias del pasado convierte a esta esquina de Coyoacán en un destino fascinante para los amantes de la historia y el misterio.

