El Barrio de Santa Catarina es, sin lugar a dudas, una de las zonas más hermosas y apacibles de nuestra alcaldía. Sin embargo, entre sus calles de trazado colonial se encuentra un tramo de apenas unos metros de ancho que contrasta radicalmente con la tranquilidad de la zona: el famoso Callejón del Aguacate. Este sitio se ha consolidado como una verdadera joya del folclore urbano, atrayendo a curiosos, investigadores de lo paranormal y turistas que buscan experimentar la atmósfera de uno de los lugares más enigmáticos de la Ciudad de México.
La arquitectura del callejón es en sí misma un viaje en el tiempo. Sus altos muros de mampostería, cubiertos por enredaderas y musgo, bloquean gran parte de la luz solar, creando una penumbra perpetua incluso al mediodía. El empedrado irregular y el silencio absoluto que reina en el lugar —roto únicamente por el crujir de las hojas secas— preparan el escenario psicológico perfecto para que las leyendas cobren vida en la mente de quien lo transita.
La narrativa más famosa que envuelve a este lugar nos remonta a la década de 1930, durante el sexenio del presidente Lázaro Cárdenas. La tradición oral relata que un militar de alto rango, perturbado por los traumas de la guerra, habitaba en el callejón. Según cuenta la leyenda, un niño del vecindario solía acercarse al oficial fascinado por sus medallas, hasta que un día, en un ataque de locura, el militar le arrebató la vida al menor y lo colgó de las ramas del frondoso árbol de aguacate que da nombre al pasaje.
Hoy en día, en uno de los muros del callejón, se encuentra empotrado un pequeño nicho que alberga la figura de una Virgen. Históricamente, los vecinos colocaron este altar a mediados del siglo XX con el propósito de santificar el espacio y ofrecer luz a las almas en pena. Para los creyentes del mito, este altar es el punto exacto donde se escuchan los lamentos del niño durante las frías madrugadas de invierno.
Más allá del mito, la realidad histórica del Barrio de Santa Catarina nos habla de un asentamiento antiquísimo. Sus callejones fueron trazados en los primeros años del Virreinato sobre antiguos caminos indígenas, lo que explica su estrechez y sus recovecos caprichosos. La neta es que la zona siempre ha estado impregnada de un misticismo natural, derivado de la antigüedad de sus construcciones y de las historias que han pasado de generación en generación.
El impacto de esta leyenda ha sido tan grande que, en años recientes, los residentes del callejón se vieron obligados a colocar una reja en la entrada. Las constantes visitas nocturnas de personas que intentaban realizar rituales esotéricos o sesiones de espiritismo alteraron la paz del barrio. Esta medida de seguridad transformó al Callejón del Aguacate en un misterio aún mayor, pues ahora solo se puede observar desde la reja, añadiendo una capa de inaccesibilidad a su aura fantasmal.
En conclusión, el Callejón del Aguacate es un testimonio vivo de cómo la historia, la arquitectura y la imaginación popular se entrelazan en Coyoacán. Independientemente de si se cree o no en apariciones, caminar por las inmediaciones de Santa Catarina y asomarse por las rejas de este rincón es una experiencia obligada para entender el carácter multifacético de nuestro barrio.

